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| Imágenes propiedad de Hergé/Moulinsart. |
¿Qué versión de La isla negra me gusta más?
Todo tintinófilo que se precie se ha hecho esa pregunta alguna vez. Y aunque no se trata de elegir ninguna, sino de disfrutar de las dos (hablamos de álbumes a color, prescindimos de la original en blanco y negro, muy semejante a la del 43, y que seguramente sea la mejor de todas), es interesante cotejar ambas versiones y posicionarse. He de decir que tengo un gran cariño por la versión de 1965. Era uno de mis títulos favoritos cuando era niño, e incluso la prefería a la edición original (fue una gozada disfrutar de la edición especial de Juventud publicada en 1986). Dos ilustres tintinólogos, Soumois y Peeters, dan su siempre interesante punto de vista.
Traduzco unos extractos del análisis de
Soumois en
Dossier Tintín (páginas 128-131) donde llega a calificar de “catástrofe narrativa” la versión de
De Moor.
El resultado es un álbum mucho más trabajado desde el punto de vista estético, repleto de detalles, y...una catástrofe narrativa. El excesivo detallismo de los decorados ensombrece la acción, acabando con la simpleza y la frescura de la primera versión. El ojo del lector se pierde en los detalles, en elementos que no son sustanciales a la trama de la historia.[...] El editor inglés ha pedido un imposible: hacer cohabitar el Tintín de los años 30 con el de los 60. […] Esta versión de 1965 es también una demostración de la diferencia entre el autor Hergé y el dibujante De Moor, uno cuenta historias y dibuja para contarlas, el otro dibuja con facilidad y buscando, a veces en vano, un buen guión.
La atmósfera amenazadora que planea sobre la primera versión, donde la muerte está presente en varias ocasiones, está aquí (en la versión del 65) neutralizada, desactivada por el positivismo de la representación.
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| Imágenes propiedad de Hergé/Moulinsart. Versión del 38. |
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| Imágenes propiedad de Hergé/Moulinsart. Versión del 65. |
En parecidos términos se expresa Peeters en Hergé fils de Tintin, páginas 413-414.
La versión modernizada de La isla negra es de una gran mediocridad. La verdadera razón para rehacer el álbum fue dar trabajo a un equipo de ayudantes desocupados. La confrontación de las dos versiones en color del álbum es toda una lección de BD. Bajo el aspecto de una modernización, es una verdadera masacre lo que se ha perpetrado. El detallismo de los decorados, que es aceptable en el contexto de los nuevos álbumes, cuyas historias son más complejas, deviene una aberración en el contexto de este remake.
En la primera versión, durante la escena del vagón-restaurante, Tintín, ennegrecido por los humos del tunel, aparecía como un verdadero diablo: el decorado extremadamente simple, la escasez de objetos decorativos, todo contribuye a darle una gran fuerza a la escena.
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| Imágenes propiedad de Hergé/Moulinsart. Versión 1943. |
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| Imágenes propiedad de Hergé/Moulinsart. Versión de 1965. |
Peeters finaliza su sangrante crítica (habla de asesinato) con un interesante comentario que lleva a la reflexión. Habla acerca del sistema hergeano de elaboración como de un rediseño perpetúo. Etapa tras etapa, Hergé hace los esbozos, los croquis, los calcos, el pasado a tinta y finalmente el color. Y a medida que transcurren todas estas fases, va introduciendo variantes en el mismo guión, alterando la idea inicial. Por razones obvias, este remake tuvo un proceso de elaboración diferente.